31 agosto 2006

¡Señores es el rey!

Avanza.
Avanza a través de la nada, aunque esa nada este repleta de todo.
Se dirige, ¿a donde? No importa; solo marcha como un pasajero del tiempo y el espacio. Carga con miles de ilusiones que marchan, dirigidas por su paso, hacia algún lugar donde tal vez (y solo tal vez) sean felices.
Paradójicamente este viajero “guía” carga esta vez con muchas ilusiones parecidas. Muchos de sus discípulos desean arribar con él; allí donde todo se vuelve uno. A ese inconmensurable horizonte donde desembocan todas las lágrimas derramadas por amor.
¿Y todo esto para qué? Para vivir una vez más (o quizás por primera vez) esa maravillosa entrega de placer. Esos momentos que pasan más rápido que nuestro “guía” pero que otorgan sentido a nuestras lágrimas.
Momentos, ¿serán solo eso?, cargados de tantas cosas como pasajeros desean vivirlos.
El destino dirigirá esos momentos y marcará los compases de nuestras alegrías; y seguramente nos entregará confesiones para guardar en el alma. Ese destino, repetido y circular, siempre vuelve a comenzar; no es otro que nuestras ambiciones.
Los pasajeros marchan tras el “guía” para ver, aunque más no sea por un rato, a ese destino que todo lo marca.
La misa se llevará a cabo, comulgue quien comulgue. El destino es el que guía nuestra misa y nosotros pasajeros del tiempo y el espacio (aunque solo en intenciones) deseamos ser redimidos por él.
Nadie sabe cuando será la redención pero no la quieren perder. En esta misa no hay resurrección, no se debe llegar tarde.
La noche de la muerte sucederá lo inevitable. Esos pasajeros “guías” detendrán su marcha, los discípulo no encontrarán motivo para seguir y ese gran recipiente de nuestras vidas, se verá desbordado por una única muerte. Por la menos esperada, por la más dolorosa, por la inevitable pero tan indeseable.
Ese gran mar se teñirá de rojo para tratar de cubrir el negro de nuestras almas, y el gris de nuestras ilusiones perdidas. Pero ese rojo de nuestra sangre sin rumbo, no bastará y la resurrección no será esperada ya que nunca fue prometida; y de algún modo tampoco deseada.
El dolor lo apagará todo y encenderá la nueva búsqueda de ilusiones, a mi entender inútil por ser imposibles de recuperar e impensadas de reemplazar. Nunca habrá dolor tan grande y tan agudo, absurdo para muchos, la vida para todos los que todavía creen en él.
¡Señores de pie! ¡Es el rey!

8 comentarios:

Daniel dijo...

Leo lo de "sangre roja", "rey" y "sin rumbo" y me parece que está hablando del honorable Clú Atlético Independiente de Avellaneda!!!

Ana dijo...

Daniel: La verdad no me refería al club, no es este el caso... pero podría ser TRANQUILAMENTE!
jaja
Beso

V i l l a v i c e n c i o dijo...

Estimada Ana: te invitamos a conocer y presentarle a tus congéneres el blog de nuestra Revista Descontexto (http://descontexto.blogspot.com), si es que llega a ser de tu agrado, claro está. Cariños y mucha suerte.

silvi a. dijo...

Pasa que lo leí muchas veces y me pareció muy bueno, pero al no poder hacerme una imagen del personaje por no comprender quien es el rey, me costó entender.

YAYA dijo...

Terrible el destino del Rey (que debería ser inmortal), pero en estos casos uno se conduele de los súbditos que no esperan su resurreción pero deberían esperarla.

¡De pie!, ¡Es el Himno Nacional!

Ana dijo...

Villavicencio: Muy bien pasaremos a chusmear. gracias por la invitacion.

Silvi: Todo bien, no creo que tenga una única manera de leerlo. Ud puede imaginarse lo que quiera.
Mi frustración vino porque es la primera vez que posteo algo que escribí de verdad (por fuera de mis cosas personales) y solo tuve un comentario.
Tuve que vencer muchas barreras y temores personales para publicar esto, y es por eso que me dio pena que nadie me dijera nada.
No me haga caso, que yo igual la quiero. Beso!!!!

Yaya: es esa paradoja de no plantearse otro camino que el pautado y cuando las cosas cambian, nos damos cuenta que no hemos podido elegir ni sobre nuestro propio camino.
Esas cosas que pasan con los pueblos dormidos, en las guerras, en las consignas vacías que seguimos sin tener una real noción de lo que busca aquel que la plantea. Y cuando la consiga (como el rey) muere, o pasa de moda, nos quedamos esperando algo que nunca tuvo sentido.

PERCE (Se dice Piers) dijo...

este texto es conmovedor

Ana dijo...

Perce: Bienvenido y muchas Gracias (de verdad)